jueves, 12 de abril de 2012

Modelo evolutivo de Theodore Millon

En 1969 y posteriores revisiones (Millon, 1977,1981,1985, 1986a,1986b), hasta la década de los 90, Theodore Millon, sobre su teoría del aprendizaje biosocial, reformulada posteriormente en el modelo evolutivo, establece dos dimensiones básicas para la deducción y coordinación de los síndromes de la personalidad, estas  dimensiones son a) activo-pasivo y b) sujeto-objeto (independiente, dependiente, ambivalente y desvinculado) obteniendo 8 patrones de afrontamiento básicos relacionados con los trastornos de personalidad que incluía el DSM-III, la clasificación psiquiátrica entonces vigente  (tabla 3) .
Tabla 3

INDEPENDIENTE
DEPENDIENTE
AMBIVALENTE
DESVINCULADO
ACTIVO
Antisocial
Histriónico
Pasivo-agresivo
Evitador
PASIVO
Narcisista
Dependiente
Compulsivo
Esquizoide
Posteriormente en 1990,  T. Millon redefine su modelo de la personalidad  y sus trastornos, reflejando un cambio en cuanto a la reevaluación de las características más profundas y latentes del ser humano, llegando a la conclusión que los principios y procesos de la evolución eran esencialmente universales y se podían yuxtaponer a otras leyes para explicarlos, aunque se expresaran de distintas formas como es en la física, la química,  la psicología y sobre todo la biología. 
Millon (1998)  considera que hay que analizar la configuración de la personalidad como un proceso de desarrollo en el que influyen tanto variables biológicas como ambientales. Y que, fruto de esta interacción, podemos explicar tanto la normalidad como la patología.
Para entender este punto de vista evolutivo-ecológico hay que basarse en que el individuo tiene que pasar por cuatro “etapas” y desarrollar una serie de “tareas” adaptativas para desenvolverse de forma adecuada en la vida y que son aplicables a todo organismo vivo como un sistema biopsicosocial, teniendo en cuenta que cada etapa va asociada a una polaridad o bipolaridad que confiere contenido al sistema. Estas fases adaptativas y sus respectivas polaridades son:
            1.- Existencia (placer-dolor),
            2.- Adaptación (activo- pasivo),
            3.- Replicación (Sí mismo- otros) y
            4.- Abstracción  (pensamiento- sentimiento)
El individuo dentro de la polaridad placer-dolor, tendería hacia los acontecimientos que pueden suponerle un refuerzo positivo (placer), o por el contrario realiza conductas de tipo escape y evitación hacia los estímulos aversivos que refuerzan negativamente (dolor).
La polaridad activo-pasivo dentro de la fase de existencia, se refiere a si el sujeto es capaz de tomar  iniciativa para configurar los acontecimientos que le rodean o es reactivo a estos. Así, hay sujetos activos, que serían aquellos capaces de resolver y emprender acciones para controlar las circunstancias de su entorno, y pasivos, que esperan que las cosas sigan su curso y presentando una apariencia de inactividad, carencia de ambición y persistencia, y manteniendo una actitud de resignación.
El individuo  en la polaridad Sí mismo-otros,  puede obtener refuerzo dentro de las acciones  orientadas hacia la consecución del Sí mismo configurando su propia vida en función de sus propios deseos y necesidades o, por el contrario, dedicarse al apoyo y bienestar de los demás. En esta polaridad  existen cuatro variantes diferentes:
a)      Dependientes (individuos con una alta necesidad de apoyo y atención, si se le priva de afecto y cuidado experimentan un acusado malestar, tristeza y ansiedad)
b)      Independientes (individuos que tienen confía en sí mismo, maximizan el placer y minimizan el dolor si depende más de sí mismo que de los otros)
c)      Ambivalentes (individuos que no están seguros de qué camino tomar, estando en permanente conflicto sobre si depender de sí mismo o de los otros)
d)      Desvinculados (individuos incapaces de experimentar recompensas procedentes ni de él mismo ni de los demás, oscilando entre aislamiento social y conductas.
      Por último, en la polaridad pensamiento-sentimiento, con sus capacidades para pensar, sentir, evaluar y planear, el individuo llega a integrar sus pensamientos y sentimientos estableciendo su propio criterio y controlando su destino
      Varias investigaciones ponen de manifiesto la utilidad de las polaridades (placer-dolor, activo- pasivo y Sí mismo- otros) de la teoría de Millon, para entender la personalidad. (Strack y cols., 1992; Picus y Wiggins, 1990).
            Estas   cuatro etapas y tareas adaptativas van unidas a otras cuatro del desarrollo evolutivo y neuropsicológico del individuo, a saber:
            Etapa 1.- Fijación sensorial: se establece la polaridad potenciación de la vida (placer) – perseveración de la vida (dolor) y se desarrollan las capacidades sensoriales y los comportamientos de apego.
            Etapa 2.- Autonomía sensoriomotora: donde se estable la polaridad acomodación ecológica (pasiva) – modificación ecológica (activa) y se desarrollan las capacidades sensoriomotoras y el comportamiento autónomo.
            Etapa 3.- Identidad puberal genérica: se establece la polaridad propagación de la especie (otros) – propagación individual (Sí mismos) y se desarrolla la maduración puberal y la identidad genérica.
            Etapa 4.- Integración intracortical: se establece la polaridad razonamiento intelectual (pensamiento) – resonancia afectiva (sentimiento) y a su vez se desarrollan  las capacidades intracorticales y los procesos de integración.
De esta forma, desde el punto ecológico y desde una perspectiva evolutiva, el individuo  va desarrollando un conjunto de esquemas, de reglas, de formas de procesar la información creándose un sistema que en el caso de los trastornos de la personalidad  se conciben como estilos problemáticos de adaptación humana, y como el mismo Millon (1998) escribe en el prefacio de su libro Trastornos de la Personalidad. Mas allá del DSM-IV:”... representan individuos curiosos y a menudo únicos cuyas estructura constitucional y experiencias vitales tempranas no sólo han dirigido erradamente su desarrollo, sino que también han construido un sentido de Sí mismos insatisfactorio, una forma problemática de expresar los pensamientos y sentimientos, así como una manera deficitaria de comportarse y relacionarse con los demás. Cada uno de los tipos “clásicos” de personalidad, así como sus subvariantes, nos demuestran la complejidad de las estructuras y los estilos que nos hacen ser las personas que somos”.
Existen tres características fundamentales en los trastornos de la personalidad como fuente de aprendizaje patogénico. La primera de ellas es que los trastornos de la personalidad tienden a presentar una estabilidad frágil, o una carencia de capacidad de adaptación, en condiciones de estrés. Los individuos, por regla general, disponen de varias y flexibles modalidades de afrontamiento ante situaciones de estrés, y ante éstas, si una no le funciona puede recurrir a otra y así sucesivamente. Pero en los individuos con trastornos de la personalidad la tendencia es a repetir, con mínimas variaciones, las mismas estrategias, estableciéndose un círculo vicioso de intento-fracaso, que a su vez lleva a un aumento de los niveles de estrés, amplificando la vulnerabilidad del individuo y perpetuando percepciones distorsionadas de la realidad social.

La segunda es los individuos normales tienden a flexibilizar sus conductas y comportamientos ante situaciones que así lo demanden, no siendo así en los individuos con un trastorno de la personalidad que conservan una inflexibilidad desde el punto de vista adaptativo y mantienen una rigidez e intensidad de sus propios rasgos ante las demandas del entorno, produciéndose una situación de crisis cuando el entorno no puede adaptarse a sus circunstancias y consecuentemente pierde la oportunidad de aprender estrategias nuevas y más adaptativas.

La tercera es derivada de las otras dos características que como se apuntaba en la primera, el individuo tiende a establecer un círculo vicioso de repertorios conductuales fallidos, perdiendo oportunidades de nuevos aprendizajes que a su vez provocan nuevos problemas e igualmente continúan replicando las mismas estrategias desadaptativas fallidas con mínimas variaciones. Millon (1969), Millon,T. y Everly,G.S. (1994), Millon,T. y Davis, R.(1998,2001).

De esta forma, los aprendizajes tempranos son de suma importancia para determinar patrones de comportamiento a lo largo de la vida del individuo, si bien, como señala el propio Millon (1998),”hasta hace poco la continuidad también existía en los seres humanos. Así, si el padre de un niño era granjero, el niño aprendía cómo desenvolverse en un medio donde la agricultura era la ocupación primaria y más importante. ...  En estos momentos iniciales, el entorno del niño, sus valores, creencias y hábitos eran probablemente los mismos que los de sus antecesores; de forma parecida, estas actitudes se correspondían con las que compartían la mayoría de la comunidad en la edad adulta y, a la vez, con lo que probablemente iba a experimentar también la progenie. ... Sin embargo, en las últimas décadas los aprendizajes de la infancia suelen ser poco aplicables y adecuados cuando operan en la familia, los vecinos y las sociedades de adultos” (pág. 127).

Estos aprendizajes tempranos están unidos a una serie de procesos para dar continuidad al comportamiento, pudiéndose agrupar en tres categorías: resistencia a la extinción, refuerzo social y autoperpetuación. Cada una de las cuales se apoyan en distintos tipos de aprendizajes.

a)      Resistencia a la extinción: se basan en el aprendizaje presimbólico, en el aprendizaje aleatorio y aprendizaje generalizado.
b)      Refuerzo social: se sustenta sobre las experiencias repetitivas, el refuerzo recíproco y los estereotipos sociales.
c)      Autoperpetuación: se mantiene mediante la constricción protectora (maniobras protectoras que el individuo realiza para disminuir la probabilidad de que experiencias perturbadoras ocurran en el futuro), distorsión perceptiva y cognitiva, generalización del comportamiento y compulsión de repetición.

      Continuando en esta línea, no podemos olvidar la importancia que desde en punto de vista evolutivo-ecológico se le da a las influencias socioculturales. Evolutivamente los niños van adaptándose a un proceso de socialización por el que van aprendiendo a regular o sustituir comportamientos derivados de los aprendizajes anteriores para adaptarlos a las reglas y prácticas de su grupo.

      En la cita de Millon anteriormente expuesta, vemos como estamos en una sociedad cambiante y que la adaptación al medio es cada vez más difícil, por lo que no es raro que muchos patrones patológico que se observan  son atribuibles a condiciones peculiares de la vida contemporánea, entre las que destacan la lucha por el logro y competición, normas sociales inestables y contradictorias, y la desintegración de creencias y objetivos reguladores (Millon, 1998).
      En la siguiente tabla aparecen reflejados de forma resumida el modelo de la polaridad y estilos y trastornos de la personalidad derivados (Millon y Davis, 2001)
Tabla 5

Objetivo existencial
Estrategias de replicación

Mejoría de la   vida
Perseveración de la  vida
Propagación reproductiva
Cuidados reproductivos
Polaridad
Placer – Dolor
Sí mismo – Otros
Deficiencia, desequilibrio o conflicto
Placer (bajo)
Dolor (bajo o alto)
Placer
Dolor (inversión)
Sí mismo (bajo)
Otros (alto)
Sí mismo (alto)
Otros (bajo)
Sí mismo-Otros
(inversión)
Modo adaptativo
                          TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD
Pasivo: Acomodación
Aislamiento
Esquizoide
Depresivo
Complacencia
Masoquista
Aquiescencia
Dependiente
Afirmación
Narcisista
Conformismo
Obsesivo-compulsivo
Activo: modificación
Duda
Por evitación
Control
Sádico
Huida-escape
Histriónico
Disidencia
Antisocial
Queja
Negativista
Patología estructural
Esquizotípico
Límite, Paranoide
Límite
Paranoide
Límite, Paranoide


Las características diagnósticas de los trastornos de la personalidad son distinguibles dependiendo del nivel de los datos que representan que, según Millon, habría que distinguir entre los datos obtenidos a nivel comportamental, fenomenológico, intrapsíquico y biofísico, que a su vez reflejan las corrientes históricas que han caracterizado el estudio de la psicopatología. A su vez se han organizado sistemáticamente dividiéndolas en atributos funcionales  y atributos estructurales (ver tabla 6).

Los atributos funcionales se entienden como aquellas características del individuo que representan procesos dinámicos entre el mundo intrapsíquico, el Sí mismo individual y el entorno psicosocial y se traducen como formas de expresión de acciones reguladoras, entre las que se encuentran; comportamientos observables, comportamientos interpersonales, estilos cognitivos y mecanismos de defensa.
Por el contrario los atributos estructurales “representan un entramado profundo y relativamente estable de recuerdos, actitudes, necesidades, temores y conflictos, que dirigen la experiencia y trasforman la naturaleza de los acontecimientos vitales” (Millon T. y Davis R., 1998, pág 153). Entre los atributos estructurales encontramos la autoimagen, las representaciones objetales, la organización morfológica y el estado de ánimo o temperamento.

Tabla 6

           
                Ámbitos Funcionales
Ámbitos Estructurales
Nivel comportamental:
Comportamiento observable
Comportamiento interpersonal

Nivel Fenomenológico:
Estilo cognitivo

Autoimagen
Representaciones objetales
Nivel Intrapsíquico
Mecanismos de defensa
Organización morfológica
Nivel Biofísico

Estados de ánimo/temperamento


Si relacionamos los diferentes ámbitos  funcionales y estructurales con los trastornos de la personalidad, se pueden observar la expresión que mejor capta el estilo de personalidad en cuestión. Millon T. y Davis R. (1998, 2001)

Para concluir, baste señalar que “... nuestro conocimiento creciente del carácter multideterminante  y circular de la patogenia, así como de las secuencias de desarrollo a través de las que se gesta, debe impedir que caigamos en la simplificaciones que han conducido a los primeros teóricos a atribuir la patología de la personalidad a factores simples. Son posibles innumerables vías patogénicas y los elementos causales están tan entremezclados que debemos planear nuestras estrategias de investigación para desenmarañar no sólo los determinantes aislados, sino su convergencia, su interacción y su continuidad.” Millon (1998, pág. 138-139).


Dr José María Hernández. Psicólogo Clínico y Sexólogo. Clínica mensalud Plasencia. Cáceres. www.mensalud.es

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